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Tacoronte Acentejo

No cabe la menor duda, en Canarias nos encanta el sabor dulce. Solo hay que hacer un recorrido por nuestra gastronomía, sobre todo por la repostería, para encontrar un largo listado de postres muy, muy dulces, como el Príncipe Alberto, los laguneros, el frangollo, los rosquetes de batata o la rapadura. Pero es que incluso, algunos de nuestros platos estrella son dulces: las papas bonitas, muchas de las formas que tenemos de consumir el gofio, la morcilla. Y no digamos de nuestra forma de tomar café ¿Se necesita decir más? Somos unos golosos.


Si hablamos del mundo del vino, ese que nos gusta tanto a los abajo firmantes, podemos hacer otra afirmación: los vinos en Canarias están viviendo una segundo época dorada. Ya en su momento, allá por los siglos XVI, XVII e, incluso, parte del XVIII, fuimos una potencia mundial en esto de vender vino. Los ingleses y los americanos, recién independizados, suspiraban por los malvasía y falsos malvasías (otro día les contamos) que llegaban a sus puertos desde nuestras tierras, desde nuestras medianías. Como todo lo bueno, eso se acabó, y pasamos un periodo en el que los vinos tenían hasta algo de mala fama y disminuyó, incluso, el consumo interno. Esto es lo que ha cambiado. Desde finales del siglo XX – ¡qué viejos somos!- empezó una nueva revolución. Se empezó a trabajar en criterios de calidad y a recuperar las buenas prácticas. Esto tiene su resultado en la aparición de forma escalonada de las once Denominaciones de Origen que tenemos hoy en Canarias, que son formas de protección aplicadas a productos alimenticios que defienden la procedencia geográfica, de forma que la calidad y características de nuestros productos están directamente vinculados al sitio de donde proceden. ¡Qué maravilla! Volvimos a vender vino, primero a nosotros mismos y últimamente sacándolo fuera.


Una de las consecuencias de esta nueva revolución es la aparición de gente joven, formada, que conoce el campo pero también las técnicas de elaboración. Esta nueva “añada” de enólogos y técnicos en enología empezaron a pensar y diseñar nuevos vinos, que expresaran las características de Canarias, de sus variedades de uva y de sus terrenos volcánicos, pero también que atrajeran a nuevos consumidores, a los de su generación. Trabajan nuevas técnicas y actualizan las tradicionales para conseguir productos más cercanos al gusto del consumidor, y por aquello de ser canarios, más golosos.Total, que en la década en la que nos encontramos irrumpen en el mercado del vino con fuerza los vinos afrutados. En su momento, a finales de los 90 del siglo pasado, fueron el nuevo revulsivo y hasta hoy en día. Sigue siendo uno de los tipos de vino más consumidos en Canarias  pero ¿sabemos realmente que se entiende por un vino afrutado? ¿Sabemos cuáles son sus características? ¿Cómo se elabora?


Primero debemos pararnos a precisar algo sobre el propio término afrutado, sobre todo para que nos entiendan los que no son de aquí. El termino afrutado, técnicamente, siempre hace referencia a un vino donde predominen las sensaciones con recuerdos aromáticos a frutas, bien sean éstas blancas, tropicales, de hueso, cítricas o rojas. Por otra parte, una forma de clasificar los vinos, con la normativa vigente en la mano, es atendiendo a su contenido en azúcar residual (aquella que no fermenta y se queda disuelta en el vino) así podemos diferenciar: vinos secos, semisecos, semidulces y dulces. Pues bien, en el Sur de Tenerife surge el termino afrutado aplicado a un vino con un resto de azúcar que no terminó de fermentar y convertirse en alcohol. Es un vino con marcadas sensaciones dulces y muy del agrado del público joven, no iniciado en el mundo del vino. ¡Era la bomba! Un gran producto comercial que no tiene nada que ver con las descripciones técnicas tradicionales. Un vino, por supuesto con recuerdos a fruta y entre los semisecos y semidulces, dependiendo de la bodega. Y encima se metió dentro de una botella azul, innovadora para la época. Por simplificar: entendemos como un vino afrutado aquel que tiene una cantidad de azúcar residual variable, aproximadamente entre diez y cuarenta gramos por litro.

Para elaborar estos vinos y conseguir esos gramos de azúcar, la técnica consiste en parar la fermentación en un momento concreto para que de esa forma parte del azúcar que estaba en el mosto no fermente y permanezca presente en el vino. Hoy, en el mercado nos podemos encontrar gran cantidad de referencias de blancos afrutados, siendo cada día más. En Tenerife hay bodegas que hace diez años producían un 70% de vino tinto y un 30% de blanco, hoy, en cambio, la producción es a la inversa y con predominio del blanco afrutado. Este revulsivo continúa y han irrumpido en el mercado los rosados afrutados, incluso algún tinto.

Desde el punto de vista sensorial y de nuestro disfrute la característica principal que deben tener estos vinos es un buen equilibrio entre el sabor ácido y las sensaciones dulces, para que sea fresco pero no empalague con su dulzura. Y también le pedimos que en su expresión olfativa presente recuerdos a mucha fruta, por supuesto.

Bienvenidos sean los afrutados si con ello acercamos a los jóvenes al mundo del vino. Estamos convencidos que es una de las vías para que nuestras bodegas puedan seguir vivas, seguir innovando y creando esos maravillosos vinos de los que debemos estar tan orgullosos, y ayuden a mantener nuestros paisajes siendo un deleite para la vista de los que nos visitan, pero sobre todo de la nuestra. Salud.


Miguel Francisco Febles Ramírez y Juan Enrique Luis Bravo
BiDueño (www.bidueno.com)Artículo publicado originalmente en el nº 4 de la Revista Chinegua

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