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Tacoronte Acentejo

Las ventas de los vinos blancos crecen más que las de los tintos, a escala internacional, nacional y local. También en Tenerife es un fenómeno reconocido por los representantes del sector, tanto por los productores como la distribución. Esta tendencia plantea la pregunta sobre las causas y la proyección futura de este fenómeno. ¿Ha venido para quedarse y provocar una reorientación duradera en la producción? ¿O se trata de una moda pasajera que remitirá en los próximos años?
Para llegar a respuestas ante estas preguntas, preguntémonos cuáles son las causas potenciales que pueden ayudarnos a entender lo que está sucediendo. He aquí algunas hipótesis que he escuchado durante los últimos meses:
Primero, algunos afirman que la tendencia subyacente se encamina hacia una mayor “ligereza” de los vinos. Se alude a la facilidad de consumo para “principiantes” en el consumo de vino. Entran fácil, son más parecidos a los refrescos y los que más crecen en ventas son los “afrutados” (más azúcar). Esta línea argumental abre varios interrogantes. Cuando los principiantes dejen de serlo (efecto aprendizaje), ¿pasarán a otros vinos más complejos? Si la ligereza y simplicidad es lo que impulsa el cambio, ¿veremos tintos más ligeros y afrutados? ¿Beben los rosados de la misma fuente?
Segundo, la nueva composición demográfica de los consumidores y sus efectos en los hábitos de consumo. Se argumenta que crece el número de mujeres jóvenes consumidoras de vino y que son ellas, y sus preferencias diferenciadas, lo que empuja el consumo de los blancos. Si el bebedor tradicional de vinos en España era un hombre mayor de 50 años y si en el futuro el consumidor tipo será una mujer de 30 a 50 años, los cambios en las ventas parecerían más estructurales; una transición en las pautas de consumo que vuelve a plantear la pregunta anterior: ¿seguirán ellas en esta pauta a lo largo de los años? ¿Y es cuestión de preferencias femeninas o es más bien un cambio generacional y son los jóvenes en general los que prefieren otro tipo de vinos?
Tercero, en el pasado los hábitos de consumo de vino estaban más anclados en las características de la producción local y ésta, a su vez, está condicionada por las condiciones naturales (“tierra de tintos”, “tierra de blancos”). Hoy día, se argumenta, que la globalización nos pone en el supermercado de la esquina vinos de Australia, Chile, y muchos otros lugares alejados. En consecuencia, se debilita el vínculo entre la producción local y los hábitos de consumo. Se añade que la socialización de padres a hijos alrededor de la mesa familiar deja de ser el vector principal en la formación de los hábitos y las preferencias. Lo que era “de toda la vida” se vuelve más errático, menos fiel a orígenes y marcas, y más expuesto a los estímulos en corto que nos brinda el marketing.
Cuarto, la argumentación estival: a más calor más blancos (fríos). Es conocido este patrón estacional de verano/blancos e invierno/tintos en el contexto español. Como también es conocido que las estaciones en Canarias son menos pronunciadas y puede haber inviernos cada vez menos fríos con episodios de cuasi-verano en meses invernales.
Todos los argumentos anteriores probablemente tengan algo de verdad y todos contienen elementos estructurales (de transición) y otros coyunturales (de moda). Entre los elementos de transición destacan en el lado de la oferta la globalización con su efecto rompedor en el vínculo entre tierra y consumo. Por parte de la demanda resalta la evolución, lenta pero imparable, en la composición demográfica del consumo. En los elementos coyunturales también se conjugan oferta y demanda. Hacer vinos blancos de poca estructura y con mucho azúcar es empresa fácil y barata, aspecto no menospreciable para decisiones desde el lado de la oferta. Además, en las coyunturas de la demanda pueden darse modas pasajeras; bien porque los principiantes van aprendiendo y transitando hacia otro tipo de vinos, bien porque el cansancio les lleva a otros productos que no sean vinos. Es llamativo que también en las cervezas se observen tendencias paralelas (cervezas con limón, cervezas dulces de sabores, etc.).
Tres escenarios se pueden esbozar a consecuencia de lo anterior: a) un predominio de los cambios estructurales que nos llevaría a un prolongado aumento del consumo del vino blanco hasta alcanzar un nivel de estabilidad y saturación; b) un predominio de los elementos coyunturales que vería en el futuro una nueva reducción del consumo de vinos ligeros, con una transición hacia otros más estructurados, sean blancos o tintos; c) una combinación de los escenarios anteriores, con un componente estructural de consolidación de los blancos en un nivel superior al actual, pero con un crecimiento actual magnificado por la contribución de la moda de la ligereza afrutada.
D.G.

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